lunes, 28 de noviembre de 2011
Como llegar a mi casa
Vivo muy lejos de la FES-C vivo en el D.F cerca de la secretaria de comunicaciones y transportes aun que durante el semestre reto cerca de la fes en Xhala ya que tardo mucho y gasto mucho en pasaje tomo el metro de villa de cortes a revolución de ahí tomo un pesero que me deja en la estación del tren suburbano de buenavista al llegar a la ultima estación que es Cuautitlan tomo una combi en el paradero que me deja enfrente de la FESC
Mis ancestros
Una mirada a la historia de mi familia.Mi abuelo es Peruano emigro al país hace ya casi 80 años la vida para nada le fue fácil ya que no contaba no contaba ni con preparación ni con estudios básicos se dedico a la pesca en las costas de Oaxaca, ahí es donde conoció a mi mi abuela ella fue hija de criollos se dijo que hera una buena pareja pero lamentablemente mi abuelo falleció hace ya 24 años si no conocí pero desde luego yo era muy pequeño.
Por el lado de mi madre somos mexicanos desde los tiempos mas remotos proviene mi abuela de Toluca de un pequeño pueblo llamado San Mateo Tixcaliacac
Mi nombre es Christian Eduardo Aquino Villanueva.
Mis abuelos son.
Paternos
Juan Aquino Mallqui
Maura Toledo Gomez
Maternos
Aurelia Rojas Sanchez
martes, 22 de noviembre de 2011
La cultura de un pueblo está basada en sus costumbres y tradiciones, la tradición del día de muertos representa una actitud específicamente mexicana ante la muerte, este día 2 de Noviembre "Día de los Difuntos", es un día consagrado a los muertos queridos.
El día de muertos es una tradición que nos han heredado los antiguos mexicanos, y es eminentemente mexicana.
Es extraña y muy característica, la idea, todavía arraigada entre una gran mayoría de mexicanos, de que en el más allá se la licencia a los difuntos para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra, un huésped ilustre, a quien se ha de festejar y agasajar en la forma más atenta.
El día de muertos es una tradición que nos han heredado los antiguos mexicanos, y es eminentemente mexicana.
Es extraña y muy característica, la idea, todavía arraigada entre una gran mayoría de mexicanos, de que en el más allá se la licencia a los difuntos para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra, un huésped ilustre, a quien se ha de festejar y agasajar en la forma más atenta.

Dentro de las costumbres Aztecas, al fallecer una persona, le doblaban las piernas en actitud de sentado, afirmaban brazos y piernas atándolos firmemente, en un lienzo acabado de tejer ponían el cuerpo al cual le ponían en la boca una bella pieza de jade que era el símbolo de su corazón, y tendría que darlo a los dioses en su camino a Mictlán, la residencia de los muertos, enseguida cosían el lienzo con el cadáver dentro y ataban encima un petate.
En una gran plaza alejada de propósito, preparaban una pira funeraria y situaban encima el cadáver rodeado de las cosas que poseyera en vida: su escudo, espada, etc.
La viuda, la hermana o la madre preparaba tortillas, frijoles y bebidas.
Un sacerdote debía comprobar que no le faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones.
Las cenizas eran puestas en una urna junto con el jade.
Los Aztecas creían ser inmortales y la muerte no era más que una forma nueva de vida.

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